Las notificaciones push web tienen mala fama cuando se usan mal y una efectividad notable cuando se usan bien. Son mensajes cortos que aparecen en el navegador o el teléfono del usuario, aun si no está dentro de tu sitio en ese momento. Pueden avisar que volvió el stock de un producto, recordar un carrito pendiente, anunciar una nueva nota de blog o una clase que empieza en una hora. También pueden molestar, generar bajas y ruido si se disparan sin criterio.
Esta guía te propone un enfoque equilibrado: entender qué son, cuándo convienen, cómo implementarlas en WordPress y qué prácticas evitan que se vuelvan invasivas.
Qué son las notificaciones push
En la web, las push funcionan gracias a un “service worker”, un archivo que el navegador guarda para poder recibir mensajes de tu sitio. Antes de eso hay un paso clave: el permiso.
El navegador pide al usuario autorización para recibir notificaciones y, si la da, ese navegador queda suscripto con un identificador. Desde el panel de tu proveedor (el plugin o servicio que instales en WordPress), enviás mensajes a esos suscriptores, o a subgrupos más específicos.
No necesitan email ni teléfono, solo la aceptación del navegador. Tampoco son pop-ups tradicionales dentro de la página: el sistema las presenta como alertas nativas, con título, texto, un icono y, según el proveedor, imagen o botones. Y, dato importante, exigen HTTPS: sin certificado SSL activo, no hay push web.
¿Cuándo usar las notificaciones push?
Imaginemos un ecommerce mediano. Alguien agrega zapatillas al carrito un martes a la noche y, por una distracción, abandona el proceso. Si el sitio tiene push y el usuario aceptó recibirlas, podés recordarle la compra unas horas después. No hace falta un email (que quizá no dio) ni un WhatsApp (que no corresponde si no lo autorizó). Es un recordatorio breve, directo, útil… si está bien segmentado y llega en un momento razonable.
En un blog, las push son ideales para series de artículos donde el lector espera el próximo capítulo: “Hoy publicamos la parte 2 de la guía de SEO on-page”. En educación online, funcionan para clases en vivo (“Empezamos en 15 minutos, ingresá por el aula virtual”), o para destrabar la procrastinación (“Te falta solo un módulo para completar el curso”).
Hay escenarios en Argentina donde su timing es especialmente valioso: Hot Sale y CyberMonday, lanzamientos con cupos limitados, descuentos por zona de entrega (CABA versus interior), o cambios operativos (feriados, horarios reducidos, suspensión de servicio por mantenimiento). En todos estos casos, el valor está en la inmediatez: si el mensaje llega tarde, ya no sirve.
Cuándo no convienen
No todo amerita una push. Si tu sitio publica una nota cada tanto y no hay una audiencia expectante, probablemente el correo semanal o un post en redes alcancen. Si tu producto requiere contexto (comparativas largas, tutoriales extensos), una notificación de dos líneas puede quedarse corta. Y si vas a mandar lo mismo a todo el mundo, varias veces por semana, el efecto colateral es obvio: bajas y bloqueos. Tener el “botón rojo” no significa apretarlo a cada rato.
Señales de alerta:
- Vas a enviar mensajes que no cambian nada en la conducta del usuario.
- No tenés forma de segmentar (o no pensaste cómo hacerlo).
- Tu marca ya está “hablando demasiado” por otros canales y hay fatiga.
La diferencia la hace la segmentación (con ejemplos reales)
La segmentación no es una “obsesión de marketer”. Es la forma concreta de no invadir. En un ecommerce, tiene sentido hablarle distinto a quien miró Indumentaria que a quien sigue Electro. A un lector que siempre abre notas de “Marketing”, no le mandes avisos de “Noticias de la empresa”. Y si entregás en 24 horas en CABA, esa ventaja interesa sobre todo a CABA.
Tres escenas claras:
- Carrito abandonado con mesura. Primer recordatorio a las 2–4 horas, amable: “Tu carrito te espera; si necesitás ayuda, estamos online”. Si no compra, un segundo aviso a las 24 horas con un beneficio moderado (si te dan los márgenes). No más de dos. Más allá de eso, empieza la fricción.
- Vuelta a stock con precisión. No le avises a toda la base que “volvió el producto X”. Avisá solo a quienes lo vieron o lo agregaron alguna vez. Esos contactos tienen contexto; el resto no.
- Contenido por interés. Si tu blog tiene categorías bien definidas, dejá que el usuario elija de cuáles quiere recibir push. Cuando publiques en esa categoría, avísale; cuando publiques de otra, no.
La gracia de todo esto es que no necesitás veinte segmentos para arrancar. Con cuatro o cinco bien pensados (carrito, categoría top, nuevos vs. recurrentes, geolocalización, vuelta a stock) ya tenés un sistema que respeta el tiempo del usuario y cuida tus métricas.
Implementarlas en WordPress sin romper nada
WordPress juega a favor porque hay servicios que se integran con uno o dos clics. Lo habitual es:
- Instalar el plugin del proveedor que elijas (hay varias opciones confiables).
- Crear la cuenta en ese servicio y conectar el sitio pegando las claves o cargando un script.
- Configurar idioma, icono, nombre y el comportamiento del pedido de permiso.
- Probar la suscripción en una ventana en incógnito y enviar una push de test.
Si además usás WooCommerce, muchos proveedores ya traen automatizaciones listas: carrito, “back in stock”, “price drop”. Eso no te exime de pensar el tono ni el momento, pero te ahorra una buena porción de trabajo técnico.
Un punto que muchos pasan por alto es cuándo pedir el permiso. El peor momento es el segundo uno en la home. El mejor suele ser después de una interacción mínima (algo de scroll, un tiempo de permanencia, una segunda página vista) o tras un gesto de interés (“¿Querés que te avisemos cuando publiquemos la segunda parte de esta guía?”). Esa sola decisión puede duplicar la tasa de aceptación.
Automatizaciones que valen oro (y que no complican)
Con tres flujos básicos ya podés cubrir gran parte de los casos de uso:
- Carrito abandonado en dos pasos. No te excedas. El primer mensaje recuerda, el segundo incentiva. Si la persona compra, cancelá el segundo envío.
- Vuelta a stock con criterio. Lanzala apenas el inventario supere un umbral (no cuando quedan dos unidades), y considerá un límite diario para no bombardear si hay reposiciones pequeñas.
- Nuevo contenido por categoría. Si tenés un calendario editorial consistente, programá que el sistema avise sólo a los interesados en esa temática. A veces conviene un resumen semanal (“3 notas nuevas que te pueden servir”) en lugar de tres avisos separados.
¿Se puede ir más allá? Sí. En educación, los recordatorios por avance (“Te falta el módulo 5”) son muy efectivos. En servicios con turnos, una push el día anterior reduce ausencias. En sitios con membresía, los avisos de renovación son simples y útiles. La clave es no duplicar el canal: si ya hay email transaccional para lo mismo y funciona bien, quizá no haga falta la push.
El arte de escribir push que se leen
El copy de una push no es el de un anuncio largo. Tampoco el de un asunto de email. Tenés poquísimo espacio. Conviene evitar verbos genéricos y promesas vagas (“¡No te lo pierdas!”). Decí qué gana la persona si hace clic y a dónde la llevás. Probar con A/B ayuda: un título que abre con el beneficio suele vencer a uno que abre con la marca.
Algunos recursos que suelen funcionar:
- Especificidad: “Envío 24 h en CABA solo hoy” dice más que “Súper oferta”.
- Contexto: “Volvió el talle 41 que miraste” supera a “Volvieron las zapatillas”.
- Franqueza: “Quedan pocos cupos para el taller de mañana”.
Sobre emojis, mejor austeridad. Uno, si tiene sentido y no infantiliza la marca. Y con las imágenes, no abuses: usalas solo cuando sumen contexto (un producto reconocible, una miniatura de la nota).
Medir con cabeza (y actuar con esos datos)
Si te quedás con el CTR, te perdés el cuadro completo. Lo importante es qué pasa después del clic: ¿hubo compra, registro, lectura completa, reserva? Esa es la conversión que importa. Si la push promete “30% de descuento en mochilas” y el enlace lleva a la home, habrá más clics que compras y tu base va a aprender que tus avisos no cumplen lo que dicen.
Tres preguntas para revisar cada semana:
- ¿Las personas que hacen clic llegan a una página coherente con la promesa?
- ¿Cuántas push por usuario enviamos y cuántas bajas generamos?
- ¿Qué segmentos están traccionando y cuáles hay que pausar o redefinir?
Un ajuste sencillo que rinde es mover horarios. A veces un cambio de tarde a mañana (o viceversa) mejora el rendimiento sin tocar el mensaje. Y si tenés audiencia distribuida, considerá la franja horaria: lo que es razonable para CABA puede ser inoportuno para otra región.
Privacidad y buenas prácticas (Argentina)
Las push se apoyan en consentimiento. Eso implica explicar en tu Política de Privacidad qué datos usás para segmentar (IDs anónimos, comportamiento dentro del sitio), con qué finalidad (avisos de contenido, promociones puntuales) y cómo desuscribirse. También conviene ofrecer un botón visible (la clásica campanita) para activar y desactivar sin vueltas.
La Ley 25.326 establece principios sobre tratamiento de datos personales. Aunque la suscripción a push web no suele implicar datos identificables por sí sola, si las vinculás con cuentas de usuario o compras, la responsabilidad aumenta. En ese caso, cuidá el acceso a paneles, roles de WordPress y almacenamiento de claves. Y, obvio, esto no reemplaza asesoría legal: si tu rubro opera con datos sensibles, pedila.
Evitar tropezones comunes
El error más caro es pedir permiso demasiado pronto. El segundo, mandar lo mismo a todos. El tercero, repetir la misma push en varios canales al mismo tiempo (el usuario siente eco). Y el cuarto, no medir. Estos cuatro explican la mayoría de las bajas.
Otra trampa frecuente aparece en los entornos de prueba: si tenés un sitio de staging, desactivá los envíos ahí. Nada más incómodo que notificar a usuarios reales desde un dominio de pruebas. En multisitio, asegurate de que cada sub-sitio tenga sus propias claves y service worker; no copies y pegues la configuración tal cual o vas a mezclar audiencias.
Finalmente, no subestimes la performance. Los scripts de push deben cargarse de forma asíncrona; las imágenes que uses en las notificaciones, livianas. No sacrifiques velocidad por una “campanita” pesada.
Un plan simple para empezar hoy (sin listas eternas)
Instalá el plugin que te resulte confiable, activá HTTPS si todavía no lo hiciste y definí un pedido de permiso amable (no intrusivo).
- Creá cuatro segmentos: carrito, categoría fuerte, nuevos vs. recurrentes y una geolocalización amplia si tu negocio la necesita.
- Armá dos automatizaciones (carrito y vuelta a stock) y un aviso de contenido para la categoría estrella.
- Poné límites de frecuencia realistas y horarios razonables.
- Enlazá cada push a una página que cumpla lo que promete y medí conversión, no solo clics.
Con eso, ya tenés un sistema que respeta al usuario y te devuelve datos.
A la semana siguiente, con números en mano, ajustá el horario, afiná un copy, dividí un segmento en dos si ves una diferencia grande entre mobile y desktop. No intentes “hacer todo” el primer día: en push, el progreso viene de pequeños ajustes que se repiten.
Cierre: menos ruido, más oportunidad
Las notificaciones push en WordPress no son un truco nuevo ni una moda efímera. Son un canal. Como cualquier canal, dependen menos de la tecnología que de la intención. Si tu objetivo es ayudar al usuario a completar una acción útil en el momento correcto, la push es una herramienta formidable. Si lo que querés es llenar la pantalla con mensajes, cualquier ventaja se evapora.
Quedate con cuatro ideas: pedí permiso cuando tenga sentido, segmentá con criterio, automatizá lo que de verdad mueve la aguja y medí mirando la conversión, no solo el CTR. Con ese enfoque, las push dejan de ser una molestia y se convierten en un atajo respetuoso entre lo que vos ofrecés y lo que tu usuario necesita en ese instante.
Y ahí es cuando valen la pena.